El Gobierno insiste en resistir las presiones devaluatorias y batalla para mantener al dólar quieto. La pulseada contra el mercado le está costando al BCRA cuantiosas reservas (desde comienzos de agosto lleva vendidos casi U$S 3.000 millones). A nuestro juicio, esta apuesta oficial tendría sentido si el ataque especulativo contra el peso careciera de bases sólidas y el actual exceso de demanda de divisas pudiera calificarse como meramente temporario. Si -por el contrario- existieran razones para creer que la oferta neta de divisas se retraerá de manera persistente, entonces la tozudez oficial por evitar una depreciación pasaría a ser un capricho muy costoso, por cuanto se estarían entregando reservas a precio bajo, cuando el ajuste al alza del precio del dólar sería -tarde o temprano- ineludible, sostiene un informe de la consultora Federico Muñoz y Asociados.
Un rápido paneo por la coyuntura muestra que, en efecto, han cambiado las condiciones y que el exceso de demanda de divisas tiene muy altas chances de perdurar. En particular, varias novedades oscurecen las perspectivas del superávit de balanza comercial; hasta aquí, la fuente excluyente de dólares. Para empezar, hay que mencionar el desplome de los precios de nuestros principales exportables. Según una primera estimación, con el derrumbe de los commodities, el saldo exportable agrícola caería el año entrante en unos U$S 6.000 millones. Por otra parte, es de esperar la continuidad de la tendencia declinante de la producción local de gas y petróleo y, por ende, la acentuación del déficit de la balanza comercial de combustibles. El saldo de este renglón en 2010 fue superavitario en U$S 1.900 millones; este año pasamos a un déficit de U$S 4.000 millones, y las primeras estimaciones para 2012 apuntan a un rojo de unos U$S 7.000 millones.
Brasil y el real
Finalmente, hay que mencionar el cambio de clima que también alcanzó a la economía brasileña. El debilitamiento del real y la perspectiva de una desaceleración de su crecimiento hacen presagiar un deterioro ulterior en la balanza comercial bilateral (en los últimos doce meses, deficitaria en U$S 4.200 millones). El 2011 se cerrará con un superávit de balanza comercial no mayor a U$S 8.000 millones. En función de lo expuesto, a menos que retorne el huracán externo a favor que disfrutamos hasta agosto (contingencia bastante improbable), el excedente comercial de 2012 debiera estar bien por debajo de esa cifra y no se descartaría un escenario de superávit nulo, añade el estudio.
La aceleración de la fuga de capitales dista de ser caprichosa. La actual situación es bien distinta a la corrida contra el peso de 2008. Por entonces, nadie hablaba todavía de retraso cambiario, y fue un fuerte brote de incertidumbre lo que empujó al público a dolarizar carteras para cambiar los activos de jurisdicción y cubrirse contra el riesgo de confiscación. Pero en la actual coyuntura, el tipo de cambio ya quedó retrasado, la oferta neta de divisas está cayendo pesadamente y, por ende, se acumulan las presiones devaluatorias. Por todo lo expuesto, tras las elecciones, las autoridades se verán obligadas a sincerar el tipo de cambio, y -a la vez- evitar que el levantamiento del ancla cambiaria desate una aceleración inflacionaria y una espiralización del nerviosismo financiero. Una empresa que demandará mucha pericia de parte del nuevo equipo económico que designe Cristina Kirchner.
Las turbulencias financieras globales propiciaron el derrumbe de las cotizaciones de los commodities agrícolas. Para estimar el impacto local de este cambio de condiciones externas -continúa el informe- , nos propusimos como ejercicio valuar la última cosecha a dos conjuntos de precios alternativos: uno, los FOB oficiales promedio de los primeros nueve meses del año; el restante, los precios FOB promedio de lo que va de octubre. Este ejercicio demostró con elocuencia el fuerte golpe que dará a nuestras cuentas externas (y por extensión, a las fiscales) el achatamiento de la burbuja de commodities.
El valor de la producción agrícola (y, por ende, el saldo exportable), con estos nuevos precios, caería unos U$S 6.000 millones. De persistir y consolidarse los precios que tienen los commodities este año, la merma de ingreso de dólares sojeros podría llegar a comprometer la propia existencia del superávit comercial, concluye el análisis de la consultora.